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Granada en luces mixtas

Carmen Tischler

La pintura, esa que no es otra cosa que sí misma, va directa al pensamiento y las emociones del espectador. No necesita palabras ni traducción y se complace en ser sólo eso, pintura. El arte, que tiende tanto a argumentar sus conveniencias y porqués, desanda las justificaciones cuando el artista nos conduce por escenas limpias, seguras y brillantes, por lienzos profundos entre manchas y ricas propagandas de la destreza pictórica. La consecuencia es inmediata: el artista conquista el arte, domina la sorpresa y la cadencia final de su obra.

La pintura, esa que no es otra cosa que sí misma, va directa al pensamiento y las emociones del espectador. No necesita palabras ni traducción y se complace en ser sólo eso, pintura. El arte, que tiende tanto a argumentar sus conveniencias y porqués, desanda las justificaciones cuando el artista nos conduce por escenas limpias, seguras y brillantes, por lienzos profundos entre manchas y ricas propagandas de la destreza pictórica. La consecuencia es inmediata: el artista conquista el arte, domina la sorpresa y la cadencia final de su obra.

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